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Fue condenado a tres años de prisión por violencia familiar

Juan Alberto Guillen fue condenado ayer, tras un juicio abreviado. El acusado contaba con antecedentes previos por desobedecer a la autoridad.

El comerciante local, dueño de la conocida pescadería El Pulpo, Juan Alberto Guillen, recibió una pena de siete meses por incumplir reiteradamente una orden judicial y violar la el aislamiento social preventivo y obligatorio durante el mes de mayo. Pero como tenía pendiente parte de la sanción dictada en noviembre, se unificaron ambas sentencias y el acusado fue condenado a tres años de prisión.

El juicio se realizó ayer y estuvo presidido por el camarista Félix Martínez, contó con la participación del fiscal Francisco Márquez, del abogado Roberto Marcos y del secretario Walter Rodríguez.

Entre las dos causas, de Guillen ya lleva cumplidos seis meses y 15 días tras las rejas. De no presentarse una reducción de la pena por parte de su abogado defensor, deberá completar la condena durante tres años, por lo que saldrá de la cárcel dentro de dos años, cinco meses y 15 días, es decir en los últimos días de enero de 2023.

La delgada línea entre la violencia doméstica y violencia de género

El abogado defensor de Guillen, en diálogo con Villa María Ya!, explicó que el hombre fue condenado por "violencia familiar y desobediencia a la autoridad". Esto se traduce en que la violencia familiar puede ser un hecho que se ejerce en contra de cualquiera de los miembros del núcleo familiar.

La violencia de género, en cambio, es aquella que se produce contra la mujer “por el hecho de serlo”, es decir, tanto dentro como fuera de casa, en el trabajo o en cualquier otro ámbito de la vida de la mujer.

Este tipo de violencia se dirige sobre las mujeres por el hecho de ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. La violencia sobre la mujer ha sido, a lo largo de la historia, legitimada por casi todas las sociedades y culturas.

Estas violencias van desde las más evidentes (malos tratos físicos y psíquicos, realizados en el ámbito domestico), las agresiones sexuales, acoso sexual, violacion o hasta las más sofisticadas, como la publicidad, ya que proyecta imágenes de las mujeres que no se corresponden con la realidad, utilizando un lenguaje que distorsiona, desvirtúa la realidad, simplificando la imagen de la sociedad y de las personas.

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