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Confesaron y le dieron tres años de prisión

Rubén Carrión, Cristian Palacios confesaron el robo del barrio Santa Ana, y la justicia los penó con tres años de prisión.

Rubén Carrión y Cristian Palacios fueron condenados por un asalto luego de que confesaron los hechos, y que la justicia no pudo probar la efectividad del arma. El tercer implicado en el hecho, Gabriel Fabro, presentó una “probation” y evitó sentarse en el banquillo de los acusados.

Dos hombres con antecedentes penales por delitos contra la propiedad fueron nuevamente condenados ayer en la Cámara del Crimen de Villa María, pero esta vez recibieron una pena más bien leve porque ambos admitieron su culpabilidad en un cuantioso asalto y el arma utilizada en el hecho nunca fue encontrada, por lo que no se pudo probar si era operativa o se trataba de una réplica.

Rubén Darío Carrión (57) y Cristian Diego Palacios (35) fueron declarados coautores de “robo calificado por uso de arma de fuego cuya operatividad no se pudo acreditar”, y recibieron condenas de tres años de prisión de cumplimiento efectivo.

El cómplice

Sin embargo, Carrión y Palacios no estaban solos. Al comando del utilitario en el que habían llegado se encontraba Gabriel Fernando Fabro (53), un arquitecto que vivía también en el mismo barrio Santa Ana.

El diario, informó que luego de algunas semanas entre rejas, Fabro recuperó la libertad porque carecía de antecedentes y porque el delito que se le atribuía tiene una pena mínima de tres años de prisión y, por lo tanto, es excarcelable.

En cambio, Carrión y Palacios continuaron “a la sombra” por sus múltiples antecedentes ya que ambos fueron condenados en otras ocasiones, sobre todo el primero de ellos, quien en la víspera fue declarado reincidente y no podrá acceder al beneficio de la “libertad condicional”.

Con respecto a Fabro, cabe señalar que sus abogados defensores, Rodrigo Hayas y Martina Roldán, presentaron en la Cámara del Crimen un pedido de “probation” (suspensión del juicio a prueba) y evitaron que tuviera que sentarse en el banquillo de los acusados, como así lo hicieron sus compañeros de andanzas.

Para que prosperara el pedido, tiempo atrás el arquitecto le reintegró a Guiñazú una suma de dinero similar a la sustraída, en lo que se conoce como “resarcimiento integral a la víctima”.

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