De película: egresada de la Universidad Nacional se enamoró en el edificio de Google

5 octubre 2019

De película: egresada de la Universidad Nacional se enamoró en el edificio de Google

Para Destacar

  • Agustina Solinas viajó a las oficinas de Google en Puerto Mandero, ciudad de Buenos Aires, para asistir a un Taller sobre Periodismo de Investigación en la Era Digital. Y, en medio de una insólita conversación sobre comida, conoció el amor.

Artículos Relacionados

Agustina Solinas viajó a las oficinas de Google en Puerto Mandero, ciudad de Buenos Aires, para asistir a un Taller sobre Periodismo de Investigación en la Era Digital. Y, en medio de una insólita conversación sobre comida, conoció el amor.

Esa mañana Agustina había llegado temprano, alrededor de las 6 de la mañana. El curso comenzaba a las 9, por lo que no tuvo otra opción que esperar 3 largas horas.

La capacitación se desarrolló a lo largo de toda la mañana, con distintas charlas. Durante la hora del almuerzo, Agustina escuchó una conversación que le hizo soltar una carcajada: “Qué top esta comida. Nunca un Paty ¿no?”, dijo Roger mientras los asistentes al cursos degustaban el catering. Ante la risa poco disimulada de la joven, Roger la vio y se acercó.

“Por mi alma inquieta, con mi carrera como periodista y comunicadora en marcha, siempre fui de buscar y hacer cursos, actualizaciones o lo que tuviera a mano. Así fue que llegué ese día a Google. Lo más gracioso es que, cuando lo pienso a la distancia, de todas las veces que abrí el navegador para buscar algo, jamás pensé que -sin intenciones de buscar nada- fuera a encontrar el resultado más lindo que me dio la vida: a él”, afirmo Agustina al diario La Nación.

Después del almuerzo, Agustina y Roger continuaron escuchando los contenidos de la capacitación y, en la hora del break de la tarde, intercambiaron conceptos sobre Bourdieu y Eliseo Verón. Y al llegar la hora de la despedida, se agregaron a Facebook y cada uno tomó su camino.

La charla comenzó por ese medio, luego por WhasApp y, finalmente, por teléfono. “El primer tiempo hablábamos hasta cuatro horas seguidas por teléfono. Después comenzaron los viajes, primero cada quince días y después todos los fines de semana. En cierta forma fue un desafío, pero al mismo tiempo esa distancia solidificó la relación a lo largo de dos años. ¿Fácil? No. ¿Posible? Hicimos el intento”.

Llegó el momento de la convivencia y decidieron que fuera en Buenos Aires. Y, al poco tiempo, los jóvenes apostaron por todo: “La propuesta llegó un jueves de julio por la mañana en el departamento donde vivimos, de una forma muy sencilla. No se arrodilló porque no es algo que vaya con nuestro estilo pero fue muy lindo. Nos vamos a casar en San Antonio de Areco, lugar de su infancia y donde está su familia.

 

Fuente: La Nación

5 octubre 2019