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Fiestas clandestinas en medio de la pandemia

Los casos siguen creciendo, pero las fiestas y reuniones sin cuidados sanitarios también aumentan junto con los casos positivos de covid-19

Van seis meses de pandemia y esta semana se registró un récord de casos positivos en Argentina. De la mano esta difícil situación, también se extienden las fiestas clandestinas a lo largo y ancho de todo el país.

Llevan ese nombre porque están prohibidas por la ley. El Gobierno habilitó gradualmente diferentes actividades al aire libre, siempre siguiendo los cuidados necesarios y estrictos protocolos -que llamamos la nueva normalidad-. Sin embargo, puso freno a las reuniones sociales en lugares cerrados, con el fin de evitar la propagación del virus.

El peligro de las fiestas clandestinas

Cumpleaños, celebraciones religiosas, partidos y reuniones en boliches. Esos son algunos de los encuentros que fueron identificados por las autoridades durante los últimos fines de semana, en diferentes provincias del país.

El Ministro de Salud Fernán Quirós adjudicó el crecimiento de los contagios de coronavirus a los encuentros de "gente que no convive en el mismo hogar", y pidió solidaridad: "El 70 por ciento de una pandemia tiene que ver con el comportamiento social que tenemos todos".

Esto es una realidad, que se acrecentó en fechas festivas como el Día del Amigo o Día de la Primavera.

¿Por qué organizar eventos masivos en plena pandemia contra la ley? ¿por qué tienen tanta concurrencia? ¿tiene alguna explicación?

“Yo creo que el personal de salud y el resto de la sociedad estamos viviendo dos realidades diferentes”, dice Vanesa Morey, quien trabaja como psiquiatra en el Hospital Ramos Mejía y en SAME. Según cuenta, en lo que va de pandemia creció mucho el trabajo, ya sea por los casos de coronavirus como también las consultas de salud mental.

“No veo a mi mamá desde marzo. Al principio también estuve alejada de mis hijos. Los cuidados son muchos; llego de trabajar y automáticamente me saco toda la ropa y la pongo en el lavarropa, después me baño y descarto toda la ropa sucia; recién ahí saludo a los demás”, detalla.

“Yo creo que el personal de salud y el resto de la sociedad estamos viviendo dos realidades diferentes”, dice la médica.

“No hay concientización de lo que está pasando. Es un enemigo invisible. Muchas personas se hartaron de la cuarentena, no están acostumbradas a vivir a este ritmo de vida, a tener un montón de cambios”, alerta Morey.

Y concluyó: “Yo creo que el miedo se perdió por ese agotamiento, sumado a que te dicen una cosa de un lado, otra cosa de otro. A veces hasta que la enfermedad no toca de cerca uno no toma conciencia, lamentablemente, no es lo mismo que nos pasa a nosotros que lo vemos a diario”.

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