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EL VIRUS DEL RUMOR

En el libro “La Psicología del Rumor”, Altport y Postman dejan en claro que para que sea efectivo, el rumor debe ser importante, ambiguo y tocar los supuestos que cada uno lleva encima.

Martín Gill, o mejor decir el Covid-19 al tomar por asalto al intendente, llenó todos los casilleros.

La semana recién arrancaba cuando el virus del rumor empezó a propagarse por los distintos vasos virtuales comunicantes.

En muy poco tiempo, en la redacción de Villa María Ya teníamos la información confirmada por varias fuentes de extrema seriedad: Martín Gill se encontraba a la espera de confirmación de infección por Covid-19.

Un testeo rápido positivo con poca carga viral, otro negativo, y se iba al mejor de tres.

Decidimos publicar como avance que un importante funcionario local se habría contagiado de Coronavirus

Sin dar nombres, a la espera de confirmación oficial, en resguardo de la privacidad de quienes se verían afectados, directa o indirectamente.

Consideramos importante poner una alerta sobre una situación de salud pública de extrema importancia.

La mañana que siguió a esa publicación, el Ministerio Público Fiscal fue el encargado de ejecutar el acto inaugural del sacrificio público de un político más sorpresivo de los últimos tiempos.

Y eso que son tiempos sorpresivos.

En un parte en su página oficial, de manera dudosamente legal exponía con nombre y apellido a Gill dando cuenta de una investigación por romper el protocolo, pero de paso, infiriendo que el funcionario estaba ya en una lista nacional de infectados con Covid-19.

Para que no queden dudas, y abusando del valga la redundancia, en un escueto parte de doce líneas Martín Gill es nombrado tres veces, y una vez a su hermana totalizando cuatro apariciones del apellido Gill en un solo párrafo.

Wado de Pedro se comunicó con Scharetti con motivo de ese mismo parte, dice el rumor.

Está en manos de la justicia juzgar y probar si Martín Gill incumplió el protocolo que prohíbe reuniones de más de 10 personas. Hasta el momento no fue imputado.

A pocos días del viaje increíble del hermano del intendente de Villa Nueva trayendo de incógnito a una persona infectada desde Buenos Aires, a más de 100 días de la modificación molesta y angustiante del modo de vida de casi todos, el caso Gill, de comprobarse que traspasó conscientemente las reglas, será tal vez el chorro que derrame el balde.

Que para el caso un vaso es chico y una gota, insignificante.

No serán pocos los vecinos decepcionados por el político que supo superar el 50% de los votos.

El Ministerio Público Fiscal no publicó nada de Graglia.

Eso si, en su caso, la moneda de la fiscalía definió que había que imputar.

Lo único que se sabe de las actuaciones de la fiscal es que pidió las grabaciones de seguridad de un edificio y de un negocio cercano al mismo en Villa Nueva. A metros de la casa de la hermana del sospechado intendente en licencia.

Eso, también lo publicamos.

El gobierno de la provincia, que no perdona todavía a Gill, salió rápido a mostrar su postura.

El ministro de Salud dijo que “Gill debió hacer cuarentena”, algo que no se comprende ya que el funcionario, al igual que muchos camioneros, viajantes, trabajadores de medios, tiene permitido legalmente movilizarse por todo el país, sin hacer aislamiento a no ser que un testeo le de positivo.

¿El ministro de Salud sabía que Gill era positivo?

Para un peronista, lo mejor… es que no se te cruce un peronista.

Y como a la hora de pensar la ciudad de todos mejor pensarla para uno, apareció entre las sombras la figura inoxidable, incombustible, blindada, acorazada de Eduardo Accastello, experimentado luchador de barro político.

Con un traje político que resiste los abrasivos y la erosión ya vengan de la oposición o la justicia, no desperdició la oportunidad que le dejó su alguna vez amigo, que generosamente expuso su cuello para que el ministro entre a matar, como dicen los toreros.

Se le adjudica al ministro de industria ser el transportista del mensaje a la fiscal que investiga para que vaya a fondo, apurar el comunicado del ministerio fiscal y hasta haber colaborado con periodistas de Córdoba enviándoles la información del caso, por si no lo tenían en agenda.

Rumor. Puro rumor.

Quienes auguran una catástrofe política para Martín Gill, parecen no ser conscientes de vivir en la Argentina, donde el “todo pasa” grondoniano es ley.

Y mientras Gill se aísla, Companys investiga, Accastello teje, Wado pregunta, el COE hace vista, Graglia viaja, Schiaretti se venga y el Covid avanza, los vecinos esperan.

Esperan justicia, igualdad, coherencia, responsabilidad, seriedad y respuestas.

No hemos nombrado a la oposición. No los hemos olvidado. Simplemente, cuesta mucho saber quienes son y dónde están.

La semana que empezó con un rumor, contuvo nuestro aniversario de independencia, fecha que debería rememorar la grandeza de estas tierras.

Muy difícil, en medio de esta pandemia cruel, que ya no llega a ocultar la epidemia de mezquindad e irresponsabilidad política que parece haberse instalado en las dos villas.

Pero a nivel nacional, esta semana fue milagrosa.

Como esperaban los creyentes, a Lázaro le dijeron “levántate y anda, y por ahora, quedate en casa”.

Amen.

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