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La historia desconocida de Alicia Colombo, esposa de Quino

Quién fue la mujer que se puso a la par del creador de Mafalda para que su obra tuviera dimensión universal. Murió en 2017. Aquí, la historia de sus familiares

Alicia Colombo, la esposa Quino, fue pieza clave para que el genial historietista Joaquín Salvador Lavado lograra fama mundial, aunque poco se conoce sobre su historia. Era doctora en Química, trabajaba en la Comisión Nacional de Energía Atómica pero hacia fines de la década del ’60 decidió renunciar a su puesto y dejar su profesión para dedicarse a difundir la obra del humorista más allá de las fronteras de Argentina y situarlo como autor internacional.

Además, se ocupó de que pudiera concentrarse exclusivamente en sus dibujos. Cultora del perfil bajo -no le gustaba que le sacaran fotos-, con una visión estratégica manejó los contratos con medios y editoriales y cuidó sus derechos de autor. Fue su representante hasta 2003, cuando le cedió la posta a su sobrina Julieta Colombo, que ya colaboraba con ella. “No hay Quino sin Alicia”, dice Rep, quien conoció al matrimonio de cerca.

¿Qué rol desempeñó Alicia?

Julieta responde, pero antes, consulta con los sobrinos de Quino, entre ellos el “Guille” Lavado, que inspiró el personaje del hermano de Mafalda en la icónica tira. La inquietud de esta cronista se convierte en debate familiar. Aunque la propia Alicia no hubiera estado de acuerdo --aclara Julieta-- aceptan hablar de ella porque consideran que es un justo reconocimiento. Con sus voces se teje esta trama, poco contada, sobre la mujer al lado de uno de los más famosos dibujantes argentinos, fallecido el 30 de septiembre.

En algunas fotos --las pocas que encuentra su sobrina en el archivo familiar--, se ve a Alicia con su cabello oscuro, entrecano, sin maquillaje, acurrucada en los brazos de Quino. “Era una persona muy aguda, muy inteligente, de un carácter muy jodido”, la describe Guillermo Lavado, que es flautista de la Orquesta Sinfónica de Chile y vive en Santiago hace 29 años. Los Quino --como sus afectos llamaban a la pareja-- tenían una relación estrecha con los hijos de los hermanos del dibujante. Tal vez porque no tuvieron hijos, ese vínculo familiar fue más cercano.

Alicia y Quino se conocieron a través de un primo de él, Jorge Tejón, ex esposo de una prima de ella. Se hicieron amigos rápidamente. Compartían los mismos intereses, la música, el cine, la literatura. Nieta de un genovés, hija única, ella era porteña. Hijo de un matrimonio español, de inmigrantes de Andalucía, él era mendocino, el menor de tres hermanos. La amistad entre ambos duró unos seis años: “No se nos ocurrió que podíamos terminar juntos”, comentaba él con cierto humor en una entrevista en el diario El País, de España, con motivo del Premio Príncipe de Asturias, que recibió en 2014.

Se casaron en 1960: Quino tenía 27 y Alicia, 28. Se fueron a vivir una temporada con los padres de ella --el padre de Alicia era farmacéutico-- hasta que se pudieron alquilar un departamento en la ciudad de Buenos Aires. Después, tras el golpe de Estado en Argentina, vivieron en varias ciudades de Europa. Nunca se separaron hasta la muerte de ella en 2017. Estuvieron 57 años casados.

Quino le decía “Monito” o “Alicita”. Se complementaban. Él era introvertido, reservado, tímido. Ella, una gran conversadora. Iban al cine, en algunas oportunidades hasta dos veces al día --mientras su vitalidad se los permitió--, tuvieron abonos en el Teatro Colón, en la Ópera de París, en la Scala de Milán: les encantaba escuchar música clásica, sinfónica, de cámara. Alicia solía organizar cenas con amigos, a quienes seleccionaba meticulosamente, gente de la cultura, interesante, y se encargaba de preparar la comida, decorar la mesa, elegir los lugares para cada comensal. Las sobremesas eran prolongadas. Cuando ya no quedaban invitados, podían quedarse ellos dos entretenidos en tertulias hasta la madrugada mientras saboreaban una copa de vino tinto, un trago de pisco o de algún licor.

FUENTE: Página 12

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