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Fue adicto y agradeció la ayuda de "La razón de vivir"

Federico Guyet contó su historia de adicción a la cocaína y cómo conoció a La Razón de Vivir. Defendió a Sonia Córdoba y Teto Medina

Federico Guyet y su papá, José Luis, reciben a Villa María Ya! en su casa de Villa Nueva. “No tomo café”, dijo cuando le ofrecieron. “Es parte de los nuevos cambios de hábitos que estoy haciendo”, contó. Hace un mes, le dieron el alta tras 17 meses de tratamiento en La razón de vivir. Volvió a su casa, ahora de manera definitiva, y está sorprendido y enojado por las acusaciones que recibió la organización que lo ayudó en su rehabilitación. “No tengo nada malo para decir de La razón de vivir.

Desde los 15 años

Respiran hondo, los dos, se miran y empezaron por el principio: las adicciones. Fede contó que empezó a consumir marihuana a los 15, en “las fiestas de 15” porque creía que eso lo hacía ver un poco más canchero. En algún momento dio el paso a la cocaína, droga que lo condenó a una adicción.

“Empecé a consumir y todo se descontroló. Me escapaba de la casa a la noche. A veces no volvía hasta el otro día o por varios días. No dormía casi nunca”.

Sus papás no sabían que hacer porque Fede tampoco aceptaba la adicción. José Luis lo seguía por la noche para saber dónde andaba, pero él siempre se escabullía.

Y tuvo problemas más graves: “A mí me apuntaron con un arma y yo estuve a punto de morir. Me buscaron para matarme”.

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Su familia no tuvo opción. Entre idas y vueltas fueron buscando lugares donde internarlo. En Córdoba encontraron un centro, pero no les gustó. Luego dieron con la sede de Asociación Nazareth en Las Higueras.

“Los odié tanto cuando me llevaron”, dice Fede. “No teníamos otra opción. Cuando llegamos al lugar y me dijeron, ‘ahora se pueden ir’ y se llevaron a Fede, yo me quebré. Me quedé una hora llorando en el auto al costado del camino. No podía poner primera porque no tenía fuerzas. Tener que traer a mi hijo acá y tener que confiar de que estuviera bien. Vos podes llamar todos los días y te cuenta que jugó al fútbol o que comió bien, pero yo no lo veía. No me quedaba otra que creer”, narró José Luis entre lágrimas.

Pero Nazareth no fue el mejor lugar para Fede: “Tengo mis diferencias de pensamiento. No funcionó para mí”.

La razón de vivir

El 5 de enero del 2021 Fede volvió a recaer: “Es una fecha importante para mí, fuerte. No fue casual que recayera ese día”, dijo, pero no dio más detalles. Y el 31 de marzo entró a La razón de vivir, una organización ubicada en Buenos Aires.

Fede conocía a Sonia Córdoba, de la época de Nazareth. El vínculo se había dado porque él colaboraba con las familias que tenían un adicto en rehabilitación, en este caso un hijo de ella. El tiempo los volvió a juntar porque él le pidió ayuda. Ella se sorprendió: “Me decía que me había visto bien, que me había visto trabajando, pero yo le dije que había recaído, que no podía. Y me puso en contacto con la razón de vivir”.

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Gente de la organización lo fue a buscar a Villa María y se lo llevaron a Buenos Aires. A la semana siguiente cumplía años y uno podía pedir lo que quería comer ese día. El padre Quique le hizo milanesas con puré. Con él tuvo una buena relación, lo mismo con el director general, Néstor Zelaya.

“No tengo nada para decir de ninguno. Yo aprendí a hacer cosas que no sabía hacer y también mostré mis habilidades en electricidad, que es en lo que siempre laburé”.

Y con quien también tuvo una buena relación es con Marcelo “Teto” Medina: “Nos escribimos siempre. Asistía a sus charlas cuando empezó a ir a la asociación. Es un fenómeno el loco. Es injusto lo que le está pasando a él, a Sonia Córdoba, a Néstor Zelaya, Jorge Basílico, Mariano Torchia y todos los que formaron La razón de vivir y que ahora están presos. Me da bronca escuchar las cosas que se dicen”.

Las etapas del tratamiento

Fede quiso desmentir muchas cosas que fueron publicadas en medios de comunicación. Dijo que no vivían en condiciones de servidumbre, que no había castigos, que siempre comieron bien, que nunca les faltó nada. “¿Y ahora que hicieron con todos los chicos que quedaron en banda?”, se preguntó. Y dijo que está preocupado porque está en contacto con sus antiguos compañeros, que le cuentan que la organización apenas se sostiene por el compromiso de ellos y sus padres, pero muchos quedaron a la deriva, especialmente los que no tienen familia.

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Durante su estancia pasó varias etapas. La primera es de “la culpa y el dolor”, donde el adicto cuenta todo. “Los de adentro conocen todas mis alegrías, tristezas, las cosas que hice y me pasaron”. Después viene “el cambio como persona”. Y confiesa que un adicto, antes de convertirse en tal, va teniendo actitudes que debe cambiar, como la soberbia o mentir, todo para consumir. Y en esta etapa empieza también el cambio de hábitos, “de reconstrucción de principios y valores de la vida, que aprendés en tu casa, pero la droga te hace olvidarlos”.

La tercera etapa es de los límites, desde los nueve meses al año. Es empezar a decir que no. “Mi problema es con la cocaína, pero nunca me pasó eso con el alcohol, por ejemplo”.

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Hacia adelante

“Hoy estoy jugando el partido de verdad, hoy que estoy afuera. El tratamiento te va preparando, para que tengas convicciones, para que cuando salgas digas que no”.

Fede hoy agradece esta nueva etapa de su vida, trabaja, se sostiene y comparte con su familia. Se sorprende y se enoja con lo que ve sobre la organización que lo ayudó. No lo han llamado a declarar aún, ni sabe si lo harán. Para él y para su familia, todo lo que ha pasado les parece una injusticia, por eso quisieron contar cómo fue su propia experiencia.

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