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Oliva: "Lo que tus ojos no ven", carta abierta de un médico

"Cononavirus: Lo que tus ojos no ven". Testimonio en primera persona de un médico de Oliva que relata las duras experiencias sobre el Covid-19

Un médico de Oliva relató la experiencia de vivir la pandemia desde la primera línea y brindó un conmovedor testimonio:

Tantas veces me he preguntado, por qué algunas personas se niegan a creer que el virus existe que es invisible a nuestros ojos; pero tan real como el aire que respiramos, el mismo aire que nos quita cuando llega a nuestros pulmones.

Nunca encontré esa respuesta, pero quizás sea porque tus ojos, nunca vieron, lo que ven los nuestros.

Quizás nunca vieron la carita de un niño, cuando la ambulancia tripulada por seres vestidos como si fueran de otro planeta, viene por papá para llevarlo al hospital, sin imaginar que quizás sea la última vez que lo vea. Y las familias que mientras esperan que suene el teléfono suspiran rogando por noticias alentadoras. Quizás, jamás vieron cómo se transforma el rostro de un ser humano cuando las noticias son fatales.

Quizás nunca vieron al equipo en una sala de reanimación o una terapia, haciendo un esfuerzo denodado por salvar una vida, tratando de entenderse entre ellos por medio de gestos ya que la voz se escucha tan poco cuando pasa por el doble barbijo, a la vez que con mucho nerviosismo intenta visualizar la vía aérea a través de un acrílico para poder insertar un tubo que le llevará oxígeno puro para darle vida a los tejidos del paciente.

Quizás nunca vieron la desesperación de los enfermeros cuando suena la alarma de un monitor, y que a través de sus gafas empañadas logran dilucidar que el nivel de oxígeno está bajando, mientras también se altera la frecuencia cardíaca y saben que tiene que actuar rápido porque ya lo vivió con el paciente de al lado en su jornada anterior.

Quizás nunca vieron por los pasillos del hospital a los camilleros encapsulados, empujando la camilla del paciente que va respirando oxígeno que le llega por una máscara, tratando de establecer un diálogo tan corto como esperanzador hasta dejarlo en habitación que será su hogar por varios días, y lo saluda diciendo, “tranquilo todo va a estar bien” y la respuesta un pulgar levantado ya que por la dificultad respiratoria el paciente prefiere meter una bocanada de aire en lugar de soltar palabras..

Quizás nunca vieron los técnicos en imágenes cuando van reconstruyendo corte por corte las imágenes de ambos pulmones en una tomografía y viendo con angustia cómo se les va dibujando en sus pupilas las figuras opacas de una neumonía.

Quizás nunca vieron a los bioquímicos tratando de acertar de un pinchazo aquella vena que, con dificultad, logran palpar a través del doble guante, apoyados en su experiencia e intuición de que ese vaso sanguíneo debe estar ahí, ya que no pueden confiar en sus ojos que a duras penas ven borroso por la humedad condensada en sus gafas.

Quizás nunca vieron al personal de limpieza caminar al trote, mientras por el crono se escucha “acudir con protocolo”; de varios servicios al mismo tiempo, dejando el lugar en óptimas condiciones para recibir al próximo paciente y para que el personal sanitario esté tranquilo que sus manos y sus líquidos poderosos no dejaron rastro del virus en las superficies.

Quizás nunca vieron una ambulancia, en un traslado, tiñendo de verde la luna. Atrás una niña, dentro de una cápsula aterrorizada viajando a lo desconocido, al lado, su madre, que a pesar de estar enferma de lo mismo debe estar allí, mirándola a través del grueso nylon, sin demostrar tristeza y secando sus lágrimas antes de que corran por sus mejillas. Mientras el médico y la enfermera no dejan quietos sus ojos controlando respiración, monitor, suero, oxígeno y cada tanto una mirada por la ventana para calcular cuánto falta para el destino. Adelante el chofer, con su campo visual reducido por la escafandra, respirando menos oxígeno porque no puede quitarse el grueso barbijo y reteniendo más dióxido de carbono a medida que los kilómetros avanzan, subiendo la radio para vencer el sueño que inevitablemente esto causa, porque su responsabilidad es llegar a destino.

Quizás nunca vieron a los móviles de emergencia andar más rápido para ganar esos minutos sagrados que se perdieron por tener que vestirse con la indumentaria protectora, porque desde la primera lección de socorrismo aprendieron que los segundos son oro, llegar y rescatar una víctima o reanimar un paro como si la incomodidad de sus trajes y el sudor extra pareciera no desconcentrarlos.

Quizás nunca vieron cómo los hospitales cambiaron por dentro, como abriendo sus brazos para poder contener a todos los que lo necesitan; cada trabajador se adaptó para cuidarse, y para cuidarte; personal de cocina ingresando a una habitación de aislamiento, administrativos atendiéndote detrás de línea pintada, la distintas especialidades médicas y profesionales que a pesar de todo se siguen brindando a pleno, poniendo como objetivo la salud de la sociedad.

Hemos visto cosas que quedarán grabadas en la retina, la mente y el corazón de cada uno de nosotros, cosas que quizás Uds. nunca verán, porque tuvieron la suerte de no estar de este lado.

No esperes estar de este lado para ver y creer.

Lucas Stefano

Médico MP 31980

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