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Pasaron las PASO

La disciplina partidaria, entendida como la cantidad de votaciones en las que un legislador individual adoptó la postura mayoritaria de su bloque, pasó de promediar el 70% en los diez años previos a la instauración de las PASO a promediar el 90% en los diez años posteriores a su implementación.

Pareciera haber confirmación: el oficialismo y la oposición habrían consensuado el desplazamiento de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO). Pero como queda claro, la negociación no fue sencilla. Más allá del tira y afloja constante que impone la configuración coalicional tanto en el oficialismo como en la oposición, los mecanismos a través de los cuales los argentinos y argentinas expresamos nuestras preferencias electorales no son neutros en términos de sus resultados. El sistema electoral, como toda institución, impone un conjunto de normativas que restringen el margen de acción de los agentes. Y esos límites son los que hay que entender para comprender el debate sobre la continuidad, modificación o suspensión de las PASO.

Las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias surgieron en 2009 con la sanción de la Ley 26.561 y comenzaron a utilizarse en 2011. Como proyecto del oficialismo nacional de entonces, que venía de perder las elecciones legislativas de ese año, las PASO tienen el objetivo de transformar la forma en la que se eligen los cargos electorales. A priori podría pensarse que el mecanismo principal que poseen para esto es el de fomentar la competencia puertas adentro al habilitar la posibilidad de una instancia electoral en la que los partidos pueden dirimir sus internas. Sin embargo, lo que se observa en este punto es que la democratización interna de los partidos fue escasa. Es más: en la mayoría de los casos donde las organizaciones utilizaron esta opción fue en elecciones no competitivas, testimoniales, donde una de las alternativas se impuso por un margen amplísimo a las demás.

Entonces a la hora de entender el debate por la continuidad o suspensión de las PASO debemos entender otro mecanismo que las mismas permiten. En relación a la posibilidad de darse competencias internas, las PASO habilitan al Poder Ejecutivo Nacional a tomar la lapicera de las listas de los distintos distritos bajo la amenaza de impulsar y respaldar nuevos candidatos. Por esto es que la discusión sobre las PASO es, en realidad, una discusión sobre la capacidad de rosca de las distintas partes, y, primordialmente, entre gobernadores y figuras del Poder Ejecutivo Nacional. De hecho, esto último explica en forma clara porqué X dice A y no Z. Si usted es un gobernador vinculado estrechamente al oficialismo nacional, la diferencia entre primarias sí o primarias no es insignificante. Mientras que, para quienes tienen o buscan tener un mayor grado de autonomía, la suspensión puede ser una gran oportunidad. En esta línea, los lectores atentos de la política habrán notado que en ninguna de las fotos de gobernadores en contra de las primarias aparece, por ejemplo, Axel Kicillof. Teniendo en cuenta que la Provincia de Buenos Aires aporta 70 Diputados Nacionales de los cuales cerca de la mitad pertenecen al oficialismo (y entre quienes encontramos al presidente de la Cámara y al presidente del bloque), el panorama para la aprobación legislativa del “no a las PASO” lució complejo desde el comienzo.

Y si vamos un paso más allá podemos ver incluso los efectos concretos de que el Poder Ejecutivo tenga la lapicera. Como ilustra el politólogo Andy Tow, quien es una de las referencias obligadas en estos temas: la disciplina partidaria, entendida como la cantidad de votaciones en las que un legislador individual adoptó la postura mayoritaria de su bloque, pasó de promediar el 70% en los diez años previos a la instauración de las PASO a promediar el 90% en los diez años posteriores a su implementación.

Por lo que, ¿qué ocurrió con las PASO? En cierta forma, lo que dictó la estructura: no se suspendieron porque quienes tienen incentivos para sostenerlas poseen, a su vez, una mayor capacidad para imponer su postura en las distintas negociaciones. La discusión por las PASO ilustra, de esta manera, algunas de las asimetrías del federalismo argentino.

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