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Protocolo VIP

"Cuando la regla es la excepción"

Deberían tener en cuenta quienes tienen la responsabilidad delegada por los votantes de administrar los destinos de la cosa pública, que 100 días de cuarentena, incertidumbre, preocupación y demas delicias ponen a las personas, como mínimo, sensibles y en alerta.

Lo saben bien los vecinos que han arribado provenientes de distintos lados, y han sufrido, justificadamente a veces, otras tantas no, correctas denuncias al COE, o incómodos escraches via redes.

Deberían tener en cuenta que, si ordena a gran parte de la población pasar a modo “contemplativo”, la capacidad de observación de la sociedad se incrementará.

Muchos ojos mirando, a fuerza de no poder hacer nada más.

Es una obviedad que un error manifiesto de un funcionario público, saldrá tan amplificado como la guitarra de Mollo en el CosquinRock o la del Kuki Soria en el Anfi.

Si además quien comete el error resulta, por cuestiones de la genética, no vaya a creer que por el azar, hermano del intendente de una ciudad, la amplificación puede llegar a romper algunos vidrios.

Sume a esto, querido lector, que en estos ciento y pico días ya han patinado en el mismo barro del “Haz lo que digo pero no lo que hago” el presidente, unos cuantos ministros, gobernadores, y para nos ser menos, altas figuras de la oposición.

No hace falta mas que darse una vueltita por Twitter, Facebook o la red preferida para palpar la erosión que causan las excepciones a la regla. Desde Andy y sus invitados, Juanita con sus comensales, Alberto que se olvidó el barbijo o María Eugenia que confundío metros con centímetros en esto del distanciamiento social. Erosiona, molesta, irrita, que el protocolo tenga dos versiones. La común… y la Vip.

Y ni hablar que en la misma pinturita, se ve claramente la existencia de varios grupos de cobradores de sueldos: ahí están quienes la tienen asegurado, están quienes no saben cuando ni cuanto, y están quienes están, porque siguen estando, pero nunca les llega. Valgan todas las redundancias.

Quizas por no haber notado todo lo anterior, habiendo desayunado con el mate, una medialuna y un termo para cada uno, cumplimiendo al menos algunas medidas de seguridad correspondientes, Franco “desmemoriado” Graglia se dispuso a traer desde Buenos Aires con destino Villa Nueva, al vecino “xxxxx”, que estaba diagnosticado con COVID-19, en un automovil con gastos pagos por los vecinos villanovenses y cumpliendo la velocidad reglamentaria hasta llegar a destino, pero, según el mismo reconoció a VillaMAria YA, cometiendo “solo” el error de no avisar al COE… durante unos dos días. (Y nadia le avisó, che!!! Qué malos compañeros!!)

El caso ya está en la justicia. Y eso está muy bien.

Lo que no parece estar en miras siquiera de plantearse, essi está bien que ser funcionario en tiempos de pandemia tenga sus beneficios, sueldos generosos que se cobran en fecha, familiares que consiguen cargos y por si eso fuese poco, chapa para ciertas situaciones, por caso pasar por todos los controles policiales dispuestos con una persona enferma de COVID-19 sin que nadie pregunte nada.

¿Error de los controles o Graglia hizo en curso con Toretto de Rapido y Furioso para zafar?.

Los villanovenses comunes cumplen hace más de 100 días el pedido de cuarentena respetandola órden del intendente Natalio Graglia, sacrificando cuestiones personales, anímicas y económicas.

Quienes crearon la regla inventaron y disfrutan de la excepción.

Desde Villa María Ya, hacemos nuestro aporte:

En caso de que algún funcionario no lo sepa le informarmos que debe comunicarse al 0800-1221-444, opción 5, opción 1, informar su llegada y coordinar la realización de un hisopado. Luego de 14 días de aislamiento debe llamar al mismo número para otro test, y si el resultado vuelve a ser negativo, puede hacer la vida normal.

Como cualquier vecino.

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