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Río Tercero: 25 años de la explosión en la Fábrica Militar

El día que Río Tercero se tiñó de sangre. La explosión, se sospecha, pudo ser un atentado para encubrir la venta de armas al exterior.

Siete muertos y más de 300 heridos, viviendas destruidas y vehículos calcinados. La Justicia, 19 años después dictaminó que se trató de un hecho intencional. Las explosiones de Río Tercero de 1995 fueron una serie de detonaciones sucedidas en esa ciudad, el 3 de noviembre de 1995, durante la presidencia de Carlos Menem. Ese día estalló la Fábrica Militar de Armamentos destruyendo el establecimiento y parte de la ciudad, causando la muerte de siete personas, hiriendo a más de trescientas y dañando seriamente la salud mental de la mayor parte de la población.​

En 2014 el Tribunal Oral Federal de Córdoba N° 2 dictó la sentencia sobre el caso, condenando a cuatro altos funcionarios de la empresa estatal Fabricaciones Militares, todos ellos ingenieros y militares retirados, a penas de trece y diez años de prisión, por el delito de estrago doloso (intencional) agravado por la muerte de personas.​ El tribunal concluyó también por unanimidad y con plena certeza que el móvil de la explosión fue el encubrimiento del contrabando de armas a Ecuador y Croacia realizado entre 1991 y 1995.​

Las calles de la ciudad, desolada, quedaron cubiertas con toneladas de escombros, cientos de grandes proyectiles y carcasas incrustados en el asfalto o dentro de las viviendas. Vainas de diferente calibre aparecían humeantes, y grupos de soldados y policías cargaban en camionetas obuses de un metro. Esquirlas como ladrillos atravesaron paredes. La onda expansiva resquebrajó viviendas, arrancó techos, calcinó vehículos y provocó daños materiales en diez kilómetros a la redonda.​

Las siete personas muertas (Romina Torres, Laura Muñoz, Aldo Aguirre, Leonardo Solleveld, Hoder Dalmasso, Elena Rivas de Quiroga y José Varela) eran todas ajenas a la fábrica, al igual que la gran mayoría de los heridos. ​

La población padeció masivamente los síntomas físicos y mentales propios de una guerra, siendo más acentuados en los niños.​ Se iniciaron más de diez mil demandas por daños y perjuicios contra el Estado argentino, que por su parte estableció un fondo de 80 millones de dólares para atender las indemnizaciones, con un tope por persona de 50 mil dólares.

¿Atentado?

Ese mismo día a las 17:00, el entonces presidente de la Nación Carlos Menem se trasladó a Río Tercero y ofreció una conferencia de prensa, en la que informó que las explosiones se habían iniciado por accidente. Cuando el periodismo preguntó si podía tratarse de un atentado, Menem respondió:

“Le estoy diciendo que no, descártelo totalmente, es un accidente…Se trata de un accidente y no un atentado. Ustedes tienen la obligación de difundir esta palabra”. Carlos Menem, conferencia de prensa en Río Tercero, 3/11/1995.​

En la misma conferencia de prensa en gobernador de Córdoba, Ramón Mestre, ratificó la afirmación de Menem:

“Descarto totalmente la posibilidad de que se trate de un atentado. Esto ha sido un lamentable accidente y hay que entenderlo de esa manera” Ramón Mestre, conferencia de prensa en Río Tercero, 3/11/1995.​

A pesar que parecía «apresurado» suponer que se trataba de un accidente y que gran cantidad de hechos sospechosos indicaban que debía investigarse la hipótesis de que hubiera sido intencional, la instalación que hizo Menem de la «teoría del accidente» dominó completamente la investigación judicial y los medios de comunicación durante varios años.

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