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Rolling Stones: 25 años del primer show en Argentina

La primera visita de los Rolling Stones marcó el punto más alto de una transformación dentro del rock argentino que había comenzado mucho tiempo atrás.

El jueves 9 de febrero de 1995 fue un día clave para el rock en Argentina, el del primer show de los Rolling Stones en el Monumental.

La fila, afuera del estadio, había empezado el día anterior. El escenario era monstruoso. Tenía 28 metros de alto y 70 de largo. Llevaba 200 toneladas de equipos (trasladados en dos Boeing 747), 178 de aluminio y una estructura con 1.000 luces que flotaba sobre la banda y que simulaba ser una cobra gigante. La pantalla de video era de 16 metros de ancho y ocho de alto. El sonido, de 1,5 megawatts, y todo funcionaba con 37 motores. En el estadio, por el que se había pagado un alquiler de 150.000 pesos por día, había 17 oficinas, once camarines, más de 2.000 policías y agentes de cinco empresas de seguridad privada, seis ambulancias y tres carpas de la Cruz Roja, 100 médicos y un hospital móvil.

El primer show de los Rolling Stones comenzó con una oscuridad interrumpida por haces de luz verde y dos columnas de fuego a los costados del escenario, que permanecieron ardiendo mientras la banda tocaba "Not Fade Away", el primer tema, y Jagger y Richards ocupaban el frente del escenario. Luego de la segunda canción, "Tumbling Dice", Jagger, que vestía un largo saco bordó y un pantalón negro, dijo en español: "¡Buenas noches! ¡Bienvenidos al Voodoo Lounge!". Satisfaction" fue la séptima canción y "Angie", la novena. La gente cantaba tan fuerte que tapaba a la banda. El show tuvo, en total, 23 canciones y dos horas y media de duración.

La banda en el escenario era de doce personas. Jagger, Richards, Wood y Watts, y detrás de ellos, el bajista Darryl Jones, Chuck Leavell en piano, el saxofonista Bobby Keys, Lisa Fischer –la única mujer, protagonista en "Miss You"– y Bernard Fowler en coros, además de una sección de vientos.

Un rato después, todos estaban en el hotel, en una fiesta posterior al show bastante sencilla, donde no había más de 30 invitados. Jagger se echó en un sofá y charló con dos chicas y con Guillermo Vilas hasta las 2:30, cuando se fue a dormir. Watts comió maní y papas fritas junto a su mujer, su suegra y dos amigos. Richards y Wood jugaron al snooker, una especie de pool británico, tomaron cerveza negra y conversaron con el padre de Keith, que los miraba fumando su pipa. "Este es un lindo lugar para estar prisionero", le dijo Richards a una periodista de Gente que había logrado pasar. A las 4:30, ellos también se fueron a sus habitaciones.

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