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El telescopio Toros capturó sus primeras imágenes

El telescopio Toros capturó sus primeras imágenes y la información con las imágenes fue celebrada y compartida por el Observatorio Astronómico de Córdoba.

El telescopio que reporta al Observatorio Astronómico de Córdoba capturó sus primeras imágenes en la búsqueda de evidencia visual de las ondas gravitacionales.

Se llama TOROS y está ubicado en el cerro Macón, en la Puna salteña, a 4.650 metros sobre el nivel del mar.

Días pasados observó su “primera luz” y tomó tres fotografías. Cuando esté operativo al ciento por ciento, responderá a las alertas que lleguen desde el Observatorio Astronómico de Córdoba por Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO, por sus siglas en inglés), para buscar y captar la colisión de objetos compactos en galaxias distantes hasta 600 millones de años luz. De esa manera, procurará aportar pruebas ópticas de las ondas gravitacionales predichas por Einstein hace más de un siglo y corroboradas por LIGO hace apenas cinco años.

De acuerdo al informe de Victoria Rubinstein, del departamento de Comunicación del Observatorio Astronómico de Córdoba, “entre el 9 y el 11 de abril pasados, el Transient Optical Robotic Observatory of the South (TOROS, por sus siglas en inglés) vio su “primera luz” y capturó tres imágenes: Omega Centauri, un cúmulo globular a 17.000 años luz de distancia; el cúmulo globular NGC 6752, a 14.000 años luz de la Tierra; y una región dentro del disco de la Vía Láctea cercana al cúmulo abierto NGC 3766, con la mayoría de estrellas a una distancia de aproximadamente 8.000 años luz”.

Esas primeras fotografías aleatorias fueron su bautismo de fuego y constituyen todo un ritual en el campo de la astronomía. Para el equipo de investigación del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (IATE – Conicet/UNC) representa un logro significativo en un proyecto que inició hace más de una década con la búsqueda del mejor lugar en Argentina para realizar observaciones astronómicas.

La misión de TOROS será detectar potentes colisiones de objetos compactos en galaxias distantes hasta 600 millones de años luz. La idea es capturar las señales lumínicas de esos eventos como contraparte óptica en la detección de ondas gravitacionales.

“Este telescopio busca dilucidar parte de las investigaciones sobre física nuclear que nunca podremos recrear en la Tierra”, explica Mario Díaz, investigador responsable del proyecto TOROS desde la Universidad de Río Grande Valley.

“La densidad nuclear en las estrellas de neutrones y los ‘fuegos artificiales’ de energías increíbles que se encienden en el choque de dos de estos cadáveres estelares –que danzaron juntos por millones de años acercándose progresivamente hasta el catastrófico abrazo final– permitirán entender mejor cómo viven y mueren las estrellas”, completa Díaz.

Tal como fueron postuladas por el científico alemán, las ondas gravitacionales son una perturbación del espacio-tiempo que se desplaza a la velocidad de la luz. Por sus características tienen la capacidad de modificar ínfimamente las dimensiones de grandes objetos.

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